[AF] El “despilfarro farmacéutico” español, un mito sin fundamento

VirgilioPerez redfarma.org virgilioperez en redfarma.org
Jue Feb 14 17:03:15 CET 2008


Extraido de El medico interactivo
 http://www.elmedicointeractivo.com/analisis_ext.php?idreg=292

---------------------------------------------------------------------------
El “despilfarro farmacéutico” español, un mito sin fundamento

Juan  Simó.  Médico  de  Familia.  Centro  de  Salud  Altabix (Elche).
Plataforma 10 Minutos.
Juan  Gervás. Médico General de Canencia de la Sierra (Madrid). Equipo
CESCA.
        
Estado de opinión: el gasto farmacéutico español, un «despilfarro»
Durante  los  últimos años, el gasto farmacéutico público en España ha
sido  considerado excesivamente elevado y, por ello, ha sido objeto de
múltiples  medidas  de contención. Medidas que no han supuesto mejoras
relevantes  en  la  eficiencia  de  este  gasto más allá de simples (o
supuestas)  contenciones  de  costes  que  en el mejor de los casos se
desvanecen  al  cabo  de poco tiempo (1-4). Esta apreciación acerca de
nuestro  gasto  farmacéutico llega también a las páginas de opinión de
la  prensa  general  y  económica  en  las  que  se  le califica de un
«despilfarro»  (5,  6)  cuya responsabilidad se atribuye al médico. La
imperante  culpabilización del médico de familia como gran responsable
de  los supuestos excesos en el gasto farmacéutico ya ha sido señalada
(7).  Y se le culpa sin tener en cuenta que cerca del 35 por ciento de
las  prescripciones  del  médico  de  familia  no son tales sino meras
transcripciones  a  la receta oficial de prescripciones efectuadas por
otros  especialistas (8). Es muy probable que parte de la prescripción
farmacéutica  del  médico  de  familia  español,  como  por ejemplo en
antibióticos  (9),  sea inapropiada o inadecuada de la misma forma que
lo  puede  ser  parte  de  las  indicaciones  de, por ejemplo, pruebas
diagnósticas o terapéuticas de alta (y no tan alta) tecnología (10). Y
es  seguro  que  la inadecuación tanto en la prescripción farmacéutica
como  en  la indicación de pruebas conlleva iatrogenia e ineficiencias
(11).

Sin  embargo,  no  debemos  deslizarnos  desde  la  inadecuación en la
prescripción  hasta  la  culpabilización  del  médico de familia en un
supuesto,  desde  el  análisis objetivo de los datos no real, excesivo
gasto  farmacéutico  español.  Así,  y sin demasiados reparos ni apoyo
bibliográfico,  se afirma que nuestro gasto farmacéutico per capita es
elevado  (12)  y  se apunta directamente al nivel de prescripción como
responsable  de  la  supuesta  desproporción  del  gasto  farmacéutico
español cuando se compara éste con el de los países de nuestro entorno
(12,  13).  Sin  embargo,  el gasto farmacéutico per capita en España,
como  ya  se  ha  referido  (14,  15), no es de los más elevados de la
Europa desarrollada.

Gasto  farmacéutico  como  parte  del  gasto  sanitario: ¿indicador de
«despilfarro»?
El  gasto  farmacéutico  como  proporción  del  sanitario  total es un
indicador    que    siempre    ha    preocupado   mucho   a   nuestros
gestores-políticos al comparar España con la Europa desarrollada. Y ha
sido  este,  precisamente,  el indicador sobre el que se ha apoyado el
supuesto  «despilfarro farmacéutico». Se trata de un indicador para el
que   es   difícil  establecer  un  valor  adecuado  u  óptimo,  y  su
presentación  se  aconseja  asociada  a  la del gasto farmacéutico per
cápita pues la magnitud del denominador varía mucho entre países (16).

España  contribuye  a  esa  variabilidad  pues  muestra  un  gasto  no
farmacéutico  per  cápita (tanto público como total) muy por debajo de
los  respectivos  promedios  europeos.  La diferencia es especialmente
notable  en  el  gasto  sanitario  público  no farmacéutico per cápita
español:  35  puntos  porcentuales  inferior  al promedio europeo y 19
puntos   por  debajo  de  nuestra  renta  (17).  Pero,  efectivamente,
expresado como parte del gasto sanitario, o como parte del PIB, España
muestra un gasto farmacéutico (tanto público como total) sensiblemente
por  encima  del promedio de los países de nuestro entorno. Es preciso
reconocer  definitivamente  que  el  hecho de que la participación del
gasto farmacéutico dentro del gasto total pueda ser mayor o menor sólo
indica  que  existe  una  pluralidad  de  maneras de combinar recursos
asistenciales  cuyo  último  fin  es  mejorar la salud de la población
(15).

La  participación relativa de uno de ellos (medicamentos) dependerá de
la  de  los  demás  (gasto de personal, administrativo, en tecnología,
infraestructuras,  etc.).  Así,  si para el próximo año aumentara, por
ejemplo,  un  20  por  ciento  el gasto de personal en nuestra Sanidad
pública contratando a nuevos profesionales o bien aumentando el sueldo
de  los  actuales, el gasto en farmacia, al expresarlo como proporción
del   gasto   sanitario  total,  se  vería  sustancialmente  reducido.
Recordemos  que  tenemos  los  profesionales peor pagados de la Europa
desarrollada  (18);  que la proporción de médicos de familia entre los
médicos en activo en nuestra Sanidad pública (35 por ciento) es de las
más  bajas  entre  los  países  más  desarrollados  y  alejada  de  lo
recomendable  (50  por  ciento) (19), y que la proporción de población
activa  empleada  en  el sector salud (5 por ciento) es también de las
más bajas entre los países comunitarios (media: 10 por ciento) (20).

Gasto farmacéutico, un insumo más
Lo  que en realidad debe importar a la política pública no es el gasto
elevado   en   un   determinado   input  (los  medicamentos)  sino  la
productividad conjunta de los recursos utilizados (1): ¿es adecuada la
combinación   tiempo   de   visita/medicamentos  en  nuestra  Atención
Primaria?  ¿Es  adecuada  la  proporción  médicos  de  familia/médicos
especialistas  en  el sistema sanitario español? No debemos olvidar el
carácter  sustitutivo  del  medicamento  en  relación  al uso de otros
bienes o servicios sanitarios.

El  carácter sustitutivo puede surgir, de forma poco eficiente y útil,
cuando  el medicamento sustituye al tiempo o a la interacción personal
con  el  paciente.  También surge, más adecuadamente, cuando la acción
del  medicamento  sustituye,  eficiente y útilmente, la utilización de
recursos asistenciales más o menos intensivos. Un buen ejemplo de esto
último  lo  constituye  la infección por H. pylori cuyo tratamiento ha
desplazado  prácticamente  la  estancia quirúrgica (1). Sabemos que el
consumo  de un bien puede variar en función de la posibilidad de optar
(renta  disponible) a otros bienes (bienes sustitutivos). En realidad,
el  gasto  farmacéutico  supone  un  insumo  más  en  las políticas de
producción  de  salud,  y  su  complementariedad o sustituibilidad con
otros insumos, y efectos cruzados en general, obligan a un tratamiento
de racionalización conjunto (21).

Renta  y  gasto  sanitario  (y farmacéutico) entre los países europeos
desarrollados
Las  investigaciones  en servicios sanitarios han puesto de manifiesto
que  la  renta  (PIB  per  cápita)  es  la  variable  con  mayor poder
explicatorio  de  las  diferencias  encontradas  en el gasto sanitario
total  per  cápita  entre  los  países  (22,23). A partir de los datos
contenidos  en  la base Health Data de la OCDE (24) se puede comprobar
como entre los 22 países europeos de la OCDE, y durante los últimos 20
años  del  siglo  XX  y  primeros  del  XXI,  la renta se correlaciona
positiva, fuerte y significativamente con el gasto sanitario total per
cápita  y  con el gasto sanitario público per cápita, con coeficientes
de  correlación  (r) que, según el año analizado, oscilan entre 0,84 y
0,94. Sin embargo, la correlación positiva y moderada que con la renta
mantenía  el  gasto  farmacéutico per cápita a principios de los 80 ha
ido  reduciéndose  hasta  prácticamente desaparecer a principios de la
primera década del presente siglo.

Entre  los  15  países de la UE también ha ocurrido lo mismo. Por otro
lado,  tanto entre los 22 países europeos de la OCDE como entre los 15
de  la  UE,  la correlación negativamente moderada entre la renta y el
gasto  farmacéutico como proporción del gasto sanitario total (también
con  el  gasto farmacéutico como parte del PIB) ha ido incrementándose
con  el  paso  de  los  años para, a partir de los años 90, mantenerse
fuertemente  negativa  y significativa con coeficientes de correlación
(r)  alrededor  de  -  0,701.  Estos datos apuntarían a que, entre los
países   europeos   más   desarrollados,   el  gasto  farmacéutico  se
comportaría  como bien de primera necesidad, algo a considerar por los
responsables  de  la  política  pública  en Sanidad a la hora de tomar
decisiones  únicamente encaminadas a “controlar” (reducir) dicho gasto
de  forma unilateral sin tomar en cuenta otros inputs sanitarios (25).
Por  lo tanto, y a la vista de los datos, un país no rico como España2
es  esperable  que presente un gasto farmacéutico expresado como parte
del  sanitario  total  o  como parte del PIB mayor que el que muestran
otros  países europeos más ricos. Es injusto, además de una estupidez,
acusar  a  médicos  y pacientes de un supuesto despilfarro en el gasto
farmacéutico español apoyándose en su magnitud expresada como parte de
gasto sanitario total o del PIB.

Renta  y  gasto  sanitario  (y  farmacéutico)  entre  las  Comunidades
Autónomas españolas
Al  igual  que  ocurre  entre los países de la Europa desarrollada, el
gasto farmacéutico total como parte del sanitario y como parte del PIB
muestra,  entre  las  Comunidades  Autónomas (CC.AA.), una correlación
intensamente  negativa  con  la  renta  (r  =  -  0,77  y  r = - 0,96,
respectivamente)  (17)3.  Además,  el  gasto  farmacéutico público per
cápita  se  correlaciona  intensa  y negativamente con la renta de las
regiones  (r  =  -0,62),  mientras  que el gasto sanitario público per
cápita  y,  especialmente,  el  sanitario  no farmacéutico per cápita,
muestran una correlación moderada pero positiva con la renta (r = 0,22
y r = 0,37, respectivamente) (17).

Curiosamente,  no son ni las CC.AA. más ricas ni las que más gastan en
Sanidad  pública  las que muestran un mayor gasto farmacéutico público
per   cápita,  sino  las  menos  ricas  y  más  envejecidas  (17).  La
correlación  tan negativa y significativa entre nivel de renta y gasto
farmacéutico  público  per cápita no se puede explicar tan sólo por un
menor  envejecimiento  de  las  regiones  más  ricas  pues,  aunque la
correlación entre renta y envejecimiento es negativa, también es débil
(r  =  -0,17).  Por  otro  lado, la ausencia de correlación (r = 0,08)
entre  gasto  farmacéutico  privado  per  cápita  y  renta descarta la
hipótesis  de un mayor gasto per cápita privado en medicamentos en las
regiones  más  ricas  como  explicación de su menor gasto farmacéutico
público per cápita (17).

Gasto   farmacéutico   y  sanitario  no  farmacéutico,  comportamiento
divergente según renta y sustitución
Entre  los  países  europeos  más desarrollados, el gasto farmacéutico
sigue  un  patrón  de  relación  con  la  renta  que  diverge de forma
importante  (tanto  cuantitativa como cualitativamente) del patrón que
sigue  el  resto  del  gasto sanitario (17). Así, a mayor renta de los
países, el gasto farmacéutico representa una menor parte de su riqueza
y   de  su  gasto  sanitario,  mientras  que  el  gasto  sanitario  no
farmacéutico  representa  una  mayor parte tanto de su gasto sanitario
como  de  su  PIB4.  Incluso  en términos per cápita la divergencia es
notable  (17).  Además,  se descubre una relación positiva entre gasto
farmacéutico  per cápita y envejecimiento5 que apenas muestra el gasto
no farmacéutico per cápita (17).

Esta  relación  también  debería  considerarse  a la hora de enjuiciar
nuestro  gasto  farmacéutico  en  comparación  con el de los países de
nuestro  entorno socioeconómico pues España es una de las naciones más
envejecidas  de  Europa.  En  la  interpretación  de  estos resultados
conviene  recordar de nuevo el carácter sustitutivo del medicamento en
relación  con  otros  bienes  o  servicios  sanitarios,  así  como  la
productividad  conjunta  de los recursos sanitarios utilizados (1,21).
Considerando esto, bien pudiera ocurrir que los países de mayor renta,
al  disponer  de más recursos, pudieran optar a mejores/mayores bienes
(más  tiempo para la atención al paciente, menos tiempo de espera para
consultas  e  intervenciones,  mayor acceso a determinadas tecnologías
diagnósticas o terapéuticas, mayor disponibilidad de recursos humanos,
etc.)  y el recurso medicamento fuera, en parte, sustituido por éstos.
En  el ámbito de las CC.AA. también es destacable la divergencia entre
gasto  farmacéutico  y  sanitario  no farmacéutico, tanto en el ámbito
público, en el privado y en el total (público+privado).

En el ámbito público, y como parece sugerir la relación negativa entre
los  gastos  per  cápita farmacéutico y sanitario no farmacéutico (r =
-0,25)  entre  CC.AA.,  podría  ocurrir  que  se  sustituyera el gasto
farmacéutico por gasto sanitario no farmacéutico, especialmente en las
regiones más ricas (17).

Cómo acabar con el «despilfarro farmacéutico»
No  cabe  duda  de que una mayor inversión pública en Sanidad ayudaría
bastante  a  que nuestro gasto farmacéutico como parte de sanitario (y
del  PIB)  se  acercara  al  promedio  europeo.  La  mayor parte de la
infra-inversión  española  en  Sanidad  pública  respecto  a la Europa
desarrollada  la  está  padeciendo  nuestra Atención Primaria (26). Si
nuestro  gasto  público  en  Atención  Primaria estuviera tan cerca de
Europa  como  lo está el hospitalario, nuestro gasto farmacéutico como
porcentaje  del sanitario público no destacaría por encima de la media
europea  y  desaparecería  irremisiblemente  el  mito del «despilfarro
farmacéutico»  español.  Nuestro  gasto  farmacéutico total (público y
privado)  se  ha  mantenido desde 1980 en el promedio de los 22 países
europeos  de  la  OCDE  (26).  Sin embargo, nuestro gasto farmacéutico
público  per  cápita,  en  la  media  europea hasta 1995, supera desde
entonces  la  misma  y  se  sitúa, según años, entre un 12 y un 26 por
ciento por encima de ella (27).

Por el contrario, su homónimo privado es, desde 1995, entre un 16 y un
21   por   ciento   inferior   al  promedio  europeo  (27).  El  mayor
envejecimiento de nuestro país6 podría no ser suficiente para explicar
completamente  que  nuestro  gasto  farmacéutico público per cápita se
sitúe,  desde  1995,  entre  un  12  y un 26 por ciento por encima del
promedio europeo. A ello podría contribuir, además del envejecimiento,
el  hecho  de que los españoles nos encontremos entre los europeos que
menos  participamos  de forma directa (co-pago) en la financiación del
gasto  farmacéutico público (28). Esta parte de contribución directa a
la   factura  del  gasto  farmacéutico  público  ha  ido  descendiendo
progresivamente  durante  las últimas décadas desde una proporción del
20  por  ciento  en  1980 (28) hasta el 6 por ciento en 2006 (29), muy
lejos  del  promedio  europeo  situado  en  el  15 por ciento (30). Un
co-pago  que, por otro lado, no se distribuye de manera uniforme entre
toda  la  población  de  activos,  pues se detectan concentraciones de
co-pago   en   pequeños   porcentajes   de   población  de  forma  más
probablemente  relacionada con la prevalencia de enfermedad que con la
capacidad  económica  de  los  individuos o de las unidades familiares
(31, 32).

Por  lo  tanto,  cabe contemplar la posibilidad de establecer un mayor
(por  más  amplio) co-pago en el ámbito público del gasto farmacéutico
de  forma que la gran mayoría de los españoles contribuyeran, en mayor
o  menor  medida,  a financiar directamente parte del mismo sin que se
produjera  esa  concentración  inequitativa del co-pago actual (27). A
tal  efecto, se han lanzado razonadas y razonables propuestas (33). La
situación  respecto  a  Europa  de  nuestro gasto farmacéutico privado
permite cierto margen para el incremento. Incremento que es preferible
se  produzca  por  la  aplicación  de un más amplio co-pago que por la
exclusión   de   la  financiación  pública  de  determinados  fármacos
efectivos  y útiles (bupropion, sildenafilo, levonorgestrel, etc.). La
no  financiación  pública  de estos últimos significa, nada más y nada
menos, que su co-pago es del 100 por ciento para todos (ricos, pobres,
sanos  y  enfermos).  Si  nuestro co-pago actual pasara del 6% de 2006
hasta  el  20  por  ciento  de  1980,  nuestro gasto farmacéutico como
porcentaje  del sanitario público no destacaría por encima de la media
europea.

El «despilfarro farmacéutico», un diagnóstico equivocado
El  diagnóstico,  pues, ha sido equivocado (y por tanto las diferentes
terapias):  no  es que, comparados con Europa, gastemos «demasiado» en
medicamentos,  sino que gastamos «demasiado poco» en Atención Primaria
y   tenemos   «demasiado   poco»   co-pago  farmacéutico;  todo  ello,
naturalmente,  en relación con la Europa desarrollada. Pero, además de
una mayor inversión en Atención Primaria y una modificación de nuestro
actual   sistema  de  co-pago  que  lo  hiciera  más  eficaz  y  menos
inequitativo,  ayudaría también a “controlar” el gasto farmacéutico la
revisión  de  los  criterios  de  inclusión  de  los  fármacos  en  la
financiación  pública,  de  modo  que  sólo  se financien aquellos que
aporten   mejoras   terapéuticas   sustanciales,  respecto  a  los  ya
incluidos,  aplicando criterios de coste-efectividad o coste-utilidad.
No  en  vano,  la  principal razón para el continuo incremento de este
gasto y del fracaso de las medidas de contención es la introducción de
nuevos  fármacos,  más  caros,  que  no  ofrecen ventajas terapéuticas
reales frente a los ya existentes en el mercado (21, 34).

Todo  lo  referido  ayuda  a  concluir que, en términos cuantitativos,
nuestro  gasto farmacéutico en relación con Europa no es “despilfarro”
sino   adecuado   a  nuestro  nivel  de  renta  y  envejecimiento  (el
farmacéutico   total)   y   adecuado   a   nuestro   nivel  de  renta,
envejecimiento,  gasto  sanitario  público  no  farmacéutico y co-pago
farmacéutico (el farmacéutico público).

Bibliografía
1.  Artells Herrero JJ. La gestión de la prestación farmacéutica. Foro
de   Debate.  Medicamento,  práctica  clínica  y  política  sanitaria.
Santiago  de  Compostela,  14-15  marzo  de  2002.  URL  disponible en
http://www.fundsis.org/home_actividades.htm
2.  Diario  Médico  [en  línea].  El gasto farmacéutico un problema de
todos.                 URL                disponible                en
http://diariomedicovd.recoletos.es/sanidad/san150500comtris.html
3. Un nuevo traje para el gasto farmacéutico. Jano 2000; 58: 7.
4.  de Marino MA, Marqués JM, Velasco A. Impact of selective financing
of  drugs  on  pharmaceutical  expenditure  control in the province of
Valladolid, Spain. Pharmacoeconomics 1996; 10: 269-280.
5.  Pomés  J.  El  despilfarro  farmacéutico. EXPANSIÓN, 7 de junio de
2003, pág. 55.
6. Despilfarro farmacéutico [Editorial]. EL PAÍS, 27 de enero de 2003.
7.  Seguí  Díaz  M.  Unas  reflexiones  sobre  el  gasto farmacéutico.
Semergen 1998; 24: 236-238.
8. Baos V. La calidad en la prescripción de medicamentos. Inf Ter Sist
Nac Salud 1999; 23: 45-54.
9.  Caminal  J,  Rovira  J,  Segura  A.  Estudio  de  idoneidad  de la
prescripción del tratamiento antibiótico en Atención Primaria y de los
costes  derivados  de la no adecuación. Barcelona: Agència d’Avaluació
de  Tecnologia  Mèdica.  Servei  Català  de  la Salut. Departamento de
Sanidad y Seguridad Social. Generalitat de Catalunya, 1999.
10.  Rodríguez  Recio  FJ,  Sanz  JC,  Peiró  S,  Vega  S. Utilización
inapropiada  de  la  resonancia  magnética lumbar en un área de salud.
Radiología 1999; 41: 553-556.
11.  Meneu  R.  Los  costes de las actuaciones sanitarias inadecuadas.
Formación Médica Continuada 2000; 7: 378-385.
12.  Ribas  E,  Portella E. Optimizar los recursos y la gestión de los
servicios sanitarios. En: Álvarez-Dardet C, Peiró S, Editores. Informe
SESPAS  2000.  La  salud  pública ante los desafíos de un nuevo siglo.
Granada: Escuela Andaluza de Salud Pública; 2000. p. 357-361.
13.  Matesanz  R.  Situación  actual  y  perspectivas  de  la Atención
Primaria  en  el ámbito del Insalud. El Médico. Anuario de la Atención
Primaria en España, 1996: 15-21.
14.  Puig-Junoy  J.  Análisis  económico de la financiación pública de
medicamentos. Barcelona: MASSON, S.A.; 2002.
15.  Puig-Junoy  J.  Por  una  política del medicamento integrada y de
calidad. Gestión Clínica y Sanitaria, 2001; 3: 3-4.
16.  EURO-MED-STAT  –  The  Library  of  European Union Pharmaceutical
Indicators:  Expenditure  and  Utilisation  Indicators. Final version,
March                2004.                Disponible               en:
<http://europa.eu.int/comm/health/ph_projects/2001/monitoring/fp_monitoring_2001_frep_12_3_en.pdf>
17.  Simó  J,  Gérvas  J.  Gasto  farmacéutico  en  España y en Europa
(1995-2002): el “despilfarro” español, un mito sin fundamento. Rev Adm
Sanit 2007; 5: 1-15.
18.  La  retribución  del  médico  español  muy  por  debajo de la del
europeo.  OMC  Periódico  del  Consejo  General de Colegios Médicos de
España. nº 81, junio 2002, p 13-19.
19.  Starfield  B.  Atención Primaria. Equilibrio entre necesidades de
salud, servicios y tecnología. Barcelona: Masson SA; 2000.
20.  Employment  in Europe 2002. Recent trends and prospects. European
Commission.  Directorate  General  for  Employment and Social Affairs.
Disponible en formato PDF en
http://europa.eu.int/comm/employment_social/news/2002/sep/1034258224_en.html
21.  Puig-Junoy  J,  López  Casasnovas  G.  Análisis  económico  de la
aplicación  de  precios  de  referencia  en la financiación pública de
medicamentos:  ventajas,  limitaciones  e  impacto esperado en España.
Informe  Técnico nº 1. Boletín Economía y Salud, AES, 1999, nº 32, pag
2-8.
22.  Reinhardt  UE, Hussey PS, Anderson GF. Cross-national comparisons
of  health  systems using OECD Data, 1999. Health Aff (Millwood) 2002;
21: 169-181.
23.  Huber  M. Health expenditure trends in OECD countries, 1970-1997.
Health Care Financ Rev 1999; 21: 99-117.
24. Organization for Economic Cooperation and Development: OECD Health
Data  2004.  A comparative analysis of 30 countries. CD ROM and User’s
Guide, Paris 2004.
25.  Simó  Miñana J, De Pablo González R, Ramos Maestre MJ, Gaztambide
Ganuza M. ¿Gastamos demasiado en medicamentos?: El gasto farmacéutico,
un  bien de primera necesidad entre los países europeos. Aten Primaria
2004; 33: 244-253.
26.  Simó  Miñana J, Gervas Camacho J, Seguí Díaz M, De Pablo González
R,  Domínguez Velázquez J. El gasto sanitario en España en comparación
con  el  de  la  Europa  desarrollada, 1985-2001. La Atención Primaria
española, Cenicienta europea. Aten. Primaria 2004; 34: 472-481.
27.  Simó  J.  ¿Cabe  aumentar la contribución directa (copago) de los
españoles  a  la  financiación  de  la  factura del gasto farmacéutico
público? Salud 2000 2005; 100: 8-11.
28. Larruga Riera J. El sector farmacéutico. Medicamentos y ordenación
farmacéutica.  En: Informe SESPAS 2002, Invertir en salud, prioridades
en  salud  pública.  Cabasés  JM,  Villalbí  JR  y  Aibar C, editores.
Valencia,  Escuela  Valenciana de Estudios para la Salud (EVES): 2002,
págs 257- 275.
29.  Indicadores de la prestación farmacéutica del Sistema Nacional de
Salud  a  través  de  receta.  Año  2006.  Información Terapéutica del
Sistema Nacional de Salud 2007; 31 (3): 104.
30.  Principales  indicadores del gasto sanitario y farmacéutico en la
Unión  Europea  y  otros  países en 2001. La industria farmacéutica en
cifras, 2004. p142. Farmaindustria. Disponible en:
<http://www.farmaindustria.es/farmaweb/i23f12c1prod.nsf/50DE20A69F2EF9D8C1256F3B0046F8F0/$FILE/132_147.pdf>
31.  Ibern  P.  Copago  farmacéutico:  nivel de concentración en pocos
usuarios  y  diseño  de  alternativas.  En: López Casasnovas G, Callau
Puente  J  (coord.).  Necesidad  sanitaria, demanda y utilización. XIX
Jornadas  Economía  de  la  Salud,  Zaragoza 2-4 de junio de 1999. AES
1999; p. 409-410.
32.  Ibern  P,  Inoriza  JM,  Coderch  J.  El gasto farmacéutico según
morbilidad:  una aplicación de los Clinical Risk Groups. XXIV Jornadas
de    Economía    de    la   Salud,   Junio   2004.   Disponible   en:
http://www.fgcasal.org/aes/docs/pere_ibert.pdf
33.  Puig  Junoy  J. La contribución del usuario en la financiación de
los  medicamentos:  elementos  para  un  debate  (informado).  Gestión
Clínica y Sanitaria 2004; 6: 133-140.
34. López Bastida J, Mossialos E. Pharmaceutical expenditure in Spain:
cost and control. Int J Health Serv 2000;30(3): 597-616.

En este artículo se desarrolla el contenido de una ponencia presentada
por  uno  de  los autores (JS) en las XXVI Jornadas de Debate sobre la
Sanidad  Pública organizadas por la Federación de Asociaciones para la
Defensa  de la Sanidad Pública, celebradas en Cáceres los días 16 y 17
de noviembre de 2007.

-  1.Idéntica  evolución  ha  seguido  la relación entre renta y gasto
farmacéutico público como parte del sanitario público y como parte del
PIB,  tanto  entre los 22 países europeos de la OCDE como entre los 15
de la UE, entre 1980 y 2002.

- 2. Nuestra renta per cápita en 2005 era un 85 por ciento de la renta
media de la Europa de la OCDE (n=22), un 87 por ciento de la UE (n=15)
y un 95 por ciento de la UE (n=25).

-  3.  Similar relación con la renta muestra entre las CC.AA. el gasto
farmacéutico público como parte del sanitario público y como parte del
PIB.

- 4. Esta relación con la renta de los gastos farmacéutico y sanitario
no  farmacéutico ocurre tanto con el gasto público como con el privado
y con el total (público+privado).

-  5. Entiéndase por “envejecimiento” la proporción de población de 65
o más años.

-  6.  España  supera  en un 8 por ciento el promedio de los 22 países
europeos  de  la  OCDE en cuanto a la proporción de población con 65 o
más años.

---------------------------------------------------------------------------

-- 
Saludos,
 VirgilioPerez (_AT_) redfarma.org

.-. Acentos Omitidos Intencionadamente .-.

(Los adjuntos garantizados son los que se citan a continuacion)
Adjuntos:
<none>

---
(c) Creative Commons
(Correo bajo Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 )
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/




Más información sobre la lista de distribución AF